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El ego y las emociones.  Gonzalo Gallo González.

Las emociones en sí mismas no son ni buenas ni malas, pero cuando actúas con ego y sin amor, se desbocan, te enferman y causan estragos.

Hay siete emociones venenosas: miedo, odios, culpas, rabia, tristeza, celos y envidia.

Los buenos médicos saben que toda enfermedad refleja traumas o vacíos emocionales y que el cuerpo solo somatiza los males del alma y la mente.

Inteligencia emocional es cultivar el autoconocimiento y el autocontrol, es manejar con armonía tus emociones, ya que sin dominio se descontrolan, te impiden ser feliz y dificultan que tus relaciones fluyan en el amor.

El miedo se vence con una fé firme como el acero, y el odio y la culpa se desvanecen con la magia de un perdón generoso. Si no lo logras solo, busca un buen terapeuta que te ayude a estar sereno y con buena energía vital.

No reprimas una emoción, relájate, reconócela con amor y pregúntate: ¿qué me quiere decir? Cada emoción te invita a cambiar una actitud, te habla y te dice: ámate y actúa con amor.

Una de las emociones más perversas es la envidia.

“El envidioso es como la mosca: recorre un cuerpo hermoso y solo se detiene en alguna llaga”, dijo el pensador francés La Bruyère. El envidioso sufre de poca autoestima o mucho ego y se lacera comparándose con otros. La envidia se esfuma cuando decides quererte y eliges admirar.

Una estrategia para vencer la envidia es tomar conciencia de que tú eres el otro y el otro está en tí Todos somos reflejos de Dios y puedes gozar con los triunfos ajenos. Escudriña tu vida y no dejes que la envidia te congele el alma y te robe la felicidad.

En lugar de ir a las llagas como la mosca, imita a las abejas, busca flores y endulza la vida. Vence también los celos amándote y confiando en lo que eres y lo que puedes. Los celos son un reflejo de tu propia inseguridad y de una baja autoestima.

La rabia suele brotar de un ego al que le gusta imponerse y, por eso, te impulsa a pensar así: prefiero tener la razón a ser feliz.

De hecho, esta plaga deteriora la vida de las parejas y envenena todas las relaciones: ‘se hace lo que yo quiero’. Eso brota de una soberbia descomunal.

Sé consciente de que nunca tienes la razón, no, solo tienes un pedacito de ella, únicamente tienes tu razón. Al ego le gusta dominar y controlar, un empeño inútil, fuente de serios conflictos y graves rupturas. Si eres un controlador necesariamente serás un sufridor y harás mucho daño a los demás.

Al ego le fascina atesorar, le gusta pavonearse y le da prioridad a las apariencias, no al amor. Al ego le gusta competir, ganarles a otros y estar en el pedestal, el ego es el yo lleno de orgullo.

Para ser feliz, descubre las argucias del ego, y para estar alegre, ámate y ama la vida, lo grande y lo pequeño.

El mejor sendero para estar alegres es la gratitud que te enfoca en todo lo bueno.

Dar gracias sin cesar te mantendrá siempre alegre. Ánimo, actúa con inteligencia emocional, sé más espiritual y, unido a Dios, evade las trampas de un ego inflado.

Gonzalo Gallo G.

Escritor - Conferencista