Edición Semanal
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Algunas personas viven esperando una gran dicha, una experiencia radiante para ser felices. Se equivocan porque la felicidad está allí, en el cotidiano vivir, para aquel que no se queda en lo externo.

Por eso disfruto comiendo y disfruto caminando, disfruto una canción y disfruta un paisaje. Soy feliz ahora mismo con lo más simple y lo más pequeño, en lugar de esperar hechos extraordinarios.

No aplazo la felicidad para un mañana incierto y no le pongo fechas ni condiciones. Sería muy triste que dijera: “seré feliz si...” o “seré feliz cuando...” No, decido ser feliz ahora mismo.

Es cuestión de aceptarme, valorarme y apreciar todo sintiendo a Dios en mi interior. Con El todo se ilumina y sonrío enfermo o con serios reveses.

Ojo: Sufrimos demasiado con lo poco que nos falta, y gozamos muy poco con lo mucho que tenemos.


Medito estos valiosos proverbios tomados de distintos libros bíblicos sapienciales:

- No te asombres con el éxito de los injustos porque la verdad sólo se conoce con la muerte.

- Sé sencillo y no te jactes, puesto que el orgullo es fuente de todos los males y Dios exalta a los humildes.

- Quien toca el alquitrán se ensucia los dedos, el que anda con los soberbios se vuelve como ellos.

- Da y recibe sin desdeñar gustos legítimos, porque es muy tarde para buscar el placer en el sepulcro.

- No digas que alguien te hace pecar porque Dios pone ante ti fuego y agua y tú escoges lo que quieres.

- Quien frecuenta a los pecadores es como el encantador que termina mordido por la serpiente.

- El sabio está alerta en todo momento, controla sus ambiciones y refrena sus apetitos.


El camino de la persona inconsciente siempre acaba mal, como un montón de leña devorado por el fuego. Por eso creo cada día espacios de paz y entro mucho en mi interior buscando sabiduría.

Examino mis acciones, reconozco vacíos y me dedico a arrancar las malas hierbas del alma. La sabiduría es un don de Dios para aquellos que lo aman y lo buscan con sincero corazón.

Soy sensato si sé callar y controlo mis instintos, si procuro la justicia y camino en la verdad. El sabio no se quema en las brasas del odio, perdona y trata a todos con infinita compasión.

El sabio actúa con desapego y sabe que todo es prestado y que no llevamos nada a la tumba. Por eso vivo unido a Dios y con su Espíritu soy más rico que los que atesoran riquezas.

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Espiritualidad no es la práctica de determinados ritos, es una visión amorosa y profunda de la vida. La persona espiritual ve el mundo con los ojos de Dios, con una mirada  compasiva y comprensiva.
Espiritualidad es consciencia despierta, es servicio desinteresado, es entrega y amor incondicional. Es fundirme con Dios y gozar ese deslumbramiento, sentirlo, vivirlo, irradiarlo, caminar siempre en su presencia.
Cuando soy espiritual respiro otro aire y veo lo que otros no ven,  atrapados por lo material. Cuando entro a esta dimensión también cargo la cruz, pero no reniego ni me quejo.
Sigo confiando y acepto que el alma se purifica en las pruebas, del mismo modo que los metales lo hacen en el fuego. Cuando soy espiritual estoy en paz y comunico paz. En realidad no doy amor, soy amor y estoy en paz.

Espiritualidad

Los sabios dicen que una mente confundida es un estupendo regalo para el espíritu. De hecho, aunque me suene extraño, lo que hace un buen guía espiritual es confundir mi mente.


Sólo cuando silencio mis raciocinios y mis cálculos me adentro en la dimensión de la espiritualidad y del amor. Como afirma Osho, “el mayor reto es abandonar la mente para poder sentir a Dios”.

En la mente están los miedos, las creencias y las dudas, mis bloqueos y mis programaciones. Cuando confundo la mente, el alma está libre y puede llegar lo desconocido, lo que estaba buscando.

mente confundida
No es una tarea fácil  pero quiero intentarlo y para eso es bueno relajarme y entrar al inconsciente. Aunque me parezca raro el estado ideal es de no mente, de consciencia pura, de amor total.

Sabios como Krishnamurti insisten una y otra vez en la necesidad de silenciar la mente.  A la mente le gusta seleccionar, etiquetar, clasificar y establecer juicios todo el tiempo.

Cuando veo una flor la mente inmediatamente me dice que es una rosa y creo que ya la conozco. Saludo a alguien y, al averiguar que es japonés, pienso que también conozco a esa persona.

¡Qué engaño! Sólo tengo un rótulo, pero no he entrado en la esencia de los seres y de la vida. Para entrar tengo que dejar la mente, escuchar el corazón y seguir la voz de mi espíritu.

El principito
Si me uno a la rosa con amor entonces sí aprecio su color, disfruto su aroma y aprecio su belleza. Con amor pasa a ser mi rosa y la cuido con amor, como lo hace el Principito en el cuento de Saint Exupery, en un estado puro de no mente, de unión total.

Señor, en ti me refugio y me siento seguro; contigo no temo las sombras y domino mis miedos. Eres mi consuelo en la adversidad y me das esperanza cuando mis sueños se ven truncados.

En los días inciertos me invitas a creer y me recuerdas que las dificultades son necesarias para madurar. Son como la poda que hace el jardinero, duele pero revitaliza la planta y llegan mejores frutos.

Eres el amigo siempre fiel, el sol que me da luz y vida. Gracias por tu amor ilimitado y tu constante protección. Si de verdad me uno a ti, cambias mis dudas por fe, mis temores por coraje y mi desaliento por entusiasmo.

Dios
Contigo sorteo los arrecifes, evito los escollos y salgo airoso en medio del más fuerte oleaje. Perdona mis caídas, ayúdame a perdonarme y perdonar y llévame de tu mano. Te amo y sólo quiero hacer tu voluntad.